Penny Lane
La noche prometía
y mucho, los bolsillos cargados y la billetera generosa brindaban a la noche un
color un poco más claro. El rock and roll venia sonando desde mi llegada y los
venenos de la vida recorrían mi sangre desde q el día había decididose comenzar.
Llevaba la tarde intentando suprimir los deseos intensos que la proyección nocturna
me llenaba.
Uno de los más
conocidos grupos de rock sonaba esa noche en aquella tapera, y aunque poco o
nada los había yo escuchado con
anterioridad, tenía grandes expectativas; tenia también gente que me esperaba,
no esperaba yo semejantes encuentros ni el calibre de las balas.
Las cosas
no funcionaron como yo quería, la frustración se acomodaba en mis venas y volvía
a mi pueblo con tesoros guardados pero también con sustos que hasta el día de
hoy no se disipan, y cuando lo recuerdo aun siento rencor.
El sofá se
arrellanaba en mí y no al revés, tenía duros los músculos y los nervios casi
destrozados, ella también se sentía nerviosa e intentaba salir del estudio bajo
cualquier pretexto, yo quería llevarlo todo hasta el límite, pero paso a paso.
90 kilos y 1.80
metros exudaban esa locura, y mientras el recording aun sonaba en mi cabeza y
la ropa se encogía en las puertas a la par que nos la querían voltear, yo me
agitaba ante el miedo y en ese momento también solo quería escapar.
Un par de días
después me había decidido a borrar aquel macabro episodio de la cabeza, y
aunque así relatado no suena como tal, las emociones que ese día me embriagaban
eran lo suficientemente abrumadoras como para desear con toda el alma
olvidarlas.
Día 2
“cuanta
verdad hay en vivir solamente el momento en que estas, sí el presente” – Gritá nena!
Que noche!
opacaba el mal momento de la anterior vivencia. Nada era el momento, me
esperaban en backstage, había de todo ahí adentro, locura, rock, juventud en
empaques de 75 años y al revés, la luna las hacía de sol, las filas se dividían
en dos: humo y viento.
Lo mágico era
ver como con la miraba algunos imperios se derribaban, generaciones reducidas a
la necesidad imperiosa del amor, diluidas en cerveza y algo de ron, perdidas
entre el barullo noctambulo, halagador.
Pronto la
pesada emprendió la retirada, suave, intensa, locura y rock and roll, poesía hecha
papel y guardada en mi billetera.
Fin de la
noche. 3 am, con el peso de generaciones encima y restaurada mi juventud.


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