De tristezas joviales y otras alegrias fermentadas


Todo el cielo estaba nublado, yo obnubilada.
Las teorías hidrológicas me importaban lo mismo que la elección del nuevo líder en Taiwán. Solo pensaba en la distancia, esos cientos de kilómetros a donde se había escapado mi felicidad.
Relatare  a continuación el motivo  por el cual estas líneas desesperadas se encuentran, al igual que quién las escribe, camino a la locura.
No recuerdo el día ni la fecha, pero esos ojos tenían el poder sutil, particular y muy especial de hablar sin voz, esa mirada tímida pero certera y seguro ensayada con anterioridad. Yo había ya caído ante ella hacia varios días atrás. Piernas temblaban, la luz de un ángel perdido en las banalidades de la tierra caminaba lento hacia mi lugar, que mala combinación, él que venia del cielo, yo de correr los caminos más viciosos del rock, pero había amor, eso prevalecería ante todo, hasta hoy.
Cuando una risa se vuelve música y una sonrisa se vuelve pan. Una boca que invita al canchón y esos brazos, no digo más.
Había luz, el camino que recorría mi vista me hacía ver como la fusión perfecta del universo se encontraba encerrada en un camino donde empezaba él y terminaba yo, sin distancias, ni la más mínima!
Luz y más luz, mi alma iluminada como cuando veo el sol, mi vida restaurada. Absorbida su juventud, llena yo y plena, amor.
No hay palabas sin miradas, lo más peligroso es desnudar el alma, pero ocurre, a veces sin razón, a veces con control, esta no fue la ocasión, llevóse mi alma y mi mente, pero vivo hoy!

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