Como quien le quita un pelo a un gato
Como quien le quita un pelo a un gato, inocente
o culpable merecía llevarme su alma y exprimirla ante mis más oscuros deseos de
venganza. La vida pasaba entre tres paredes y veinticinco barrotes, la vida que
llovía adentro, entre la falta exhaustiva de dopamina y sufriendo las mentiras
certeras de la inseguridad. Nadie más que él merecía morir, bajo mis manos
claro, recrear su mentira y realizarla con placer.
A continuación los flashes del hecho:
A continuación los flashes del hecho:
Había luz por todas partes y sangre, yo reía y
lloraba desesperada a la vez. Caminaba esa calle que poco a poco iba
oscureciéndose ante la falta del arreglo de iluminación mal proporcionado por
la municipalidad.
Le había pedido a un alguien, cómplice mío, que
tomara fotos del hecho, y mientras yo las miraba mi mente recordaba esos
momentos en que lanzaba piedrecillas a la poza de mi infancia, nada más
relajante y tranquilizador. Las fotos no las veía, horas después mientras aun tenía
algo de cabello y piel en mi ropa vino a mí, como una balacera, el cruel acto
que había cometido, mis demonios internos me decían que todo estaba bien, pero
el cuerpo inerte tenía solo dieciséis años. Quien había sido acusado dormía ya
en casa y cama propia con sueños placenteros.
Yo tendría que usar todos los químicos
necesarios para borrar las huellas del hecho, esto no era el típico crimen de
las películas, ni era tan fácil desaparecer las evidencias del caso como tantas
veces había leído y visto. Pero de todo eso se iba a encargar alguien más, no
yo. Y nadie tendría q saber que había sido yo quién había muerto al pibe.
El terror, el pavor se habían hecho dueños de
mi alma y cuerpo, qué podía yo alegar ante el hipotético pero no menos
probable, caso en que se evidenciara mi falta, mi crimen, mi vergüenza?
Ya no importaba nada, el inocente había sido
declarado como tal y era libre, yo…yo tenía todas las posibilidades
estadísticas de perder mi libertad.
Pero reía, mi risa se hacía escuchar y cómo se hacía
escuchar! Había cobrado la falta, el insulto a mi familia, mi alma era libre,
ojala mi cuerpo lo siga siendo.
Las fotos, ahí. Algún día las voy a ver.

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